Durante la Santa Eucaristía, mientras el párroco compartía su homilía, no dejé de pensar en una pequeña frase: “Imagen y semejanza de Dios”. Este pasaje bíblico ha sido utilizado a lo largo de la historia para resaltar la dignidad humana. Vista la vida desde un enfoque divino, estas palabras se encarnan desde nuestra concepción; convivimos con ellas mientras experimentamos y afrontamos las diversas etapas de la vida, y se hacen vivas cuando volvemos al Padre. La Santísima Trinidad, el dogma más importante del cristianismo y de nuestra Santa Iglesia Católica, nos presenta a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Pero surge una pregunta: ¿Cómo pueden existir tres personas en un mismo Dios? Al conocer lo que yo llamo “las tres O”: Dios Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, comienzo a comprender un poco más este misterio. Cuerpo, alma y espíritu. Al igual que Dios, somos trinos; hemos sido hechos a su imagen y semejanza. Al morir, el cuerpo se descompone y el espíritu vuelve ...