Como algunos de ustedes saben yo laboro en una institución catolica como Docente/Maestro y hace no mucho fue el dia del maestro.
De casualidad, hace algunas semanas atrás en una audiencia judicial, una persona en el área, con una doble intensión me había levantado el falso de haberme "metido con su ex esposa", puso a mi Iglesia y sus autoridades en mi contra e incluso, divulgaba abiertamente con compañeros de trabajo y alumnos dicha mentira; me restregó en la cara frente al juez, muy cobardemente y fuera de contexto, que yo no era docente. La verdad es que en el momento si me sentí mal, porque me he encariñado mucho de mis muchachos y del área. Pero luego de una extensa platica con unos amigos, llegamos a la conclusión que no es lo mismo.
La docencia la definimos como una profesión cuya finalidad es la enseñanza. En cambio, el Maestro es quien ejerce la profesión con el objetivo de educar integralmente a un individuo de forma academica, personal y social. El maestro no solo es quien esta delante de una pizarra, maestro es aquel que habla pero que tambien sabe escuchar, es aquel que enseña con el ejemplo.
A Jesús mismo le llamaban Maestro, sin ser docente. ¡Somos maestros! Detrás de nosotros siempre habrá alguien quien nos admire y quiera seguir nuestros pasos.
En este año de experiencia como docente, aprendí más de lo que pude enseñar; aprendí a escuchar, a ser más atento, más paciente. Y todo eso me permitió aplicar metodologías distintas a diferentes niños y jóvenes.
Cómo diría Don Bosco "Enseñar es cuestión del corazón" y si que lo experimenté. Adicional a mi área de enseñanza, siempre procuraba brindarles una oración, un canto o exponerles la vida de un Santo, cómo la vida de Carlos Acutis, patrono de mi laboratorio de Informática, dónde había espacio para que mis muchachos pudieran ser ellos mismos.
Tuve la gracia de enseñar a más de 190 almas, desde niños de 3 añitos hasta jóvenes de 18 años y es increíble la diversidad en un espacio tan pequeño como un aula. Me encariñé de muchos de ellos y con otros tuve el chance de conocer y compartir con sus familias, es algo de lo que estaré eternamente agradecido y llevaré siempre en mi corazón.
A inicios del 2025 me asignaron el noveno grado, el grado de "los rebeldes" cómo comúnmente se referían a ellos. Fué un grupo conflictivo debido a muchos factores personales, familiares, culturales y hasta educativos. Pero eran unos muchachos muy buenos, poco comprendidos, inteligentes en distintas áreas y muy activos.
Entre los varones destacaban Andrés, Eduardo y Marel, jóvenes muy inteligentes y Olimpistas matemáticos y físicos a nivel nacional. Kevin, Joe y Maykel eran los que lideraban un club de ajedrez, los tableros se los pasaban decomisando a cada rato y hasta los pintaban en las mesas para no perderse ni una partida. Freddy y Emerson eran los Gamers, con su apoyo creamos servidores de juegos y uno que otro proyecto informaricos que dejamos inconclusos. Por último, estaba Yuniel, el alma del aula entre los varones, done lo ponían, ahí se desarrollaba muy bien y sobresalía.
Entre las Señoritas destacaban Jadhe, Jixcian, Mikeyla y Angelina. Unas muchachas muy colaboradoras, atentas y siempre tomaban la batuta al momento de organizar una actividad. También destacaban las que yo llamaba "Las Tres Mosqueteras" Ruthmi, Lilia y Diandry, jóvenes líderes y emprendedoras. Solían meterse en uno que otro problema, pero eso no las hacía "malas", todo lo contrario, cuando se les asignaba una actividad lo hacían de la mejor manera y siempre decoradas con sus stickers de estrellitas. Alexia y Sara, son primas, muy maduras para su edad, suelen ser muy entregadas y cariñosas, serias cuando debían serlo y divertidas cuando la ocasión lo ameritaba. Greis, Deydri, Kiary, Jaira y Katherine se mostraban muy juntas, son jovencitas que siempre buscaban que hacer y podían pasar toda la jornada platicando o como ellas decían "chambreando". Y por último las jóvenes Samira, Pouleth y María Fernanda, o como de cariño le decía, "Mafer". Eran las que más cerquita traía, se me distraían rapidito, pero en ellas podía ver la perseverancia, no importaba que tan difícil estaba el tema en discusión, siempre hacían el intento de aprender y a poner en práctica lo aprendido.
En fin, la providencia de Dios me permitió llegar a sus vidas y dejar una huella positiva, enseñar no solo con la mente, sino con el corazón y el ejemplo. Aprendí mucho de ellos y los llevo muy dentro de mi corazón, espero en Dios volver a convivir con este grupo tan maravilloso y seguir aprendiendo juntos, con la ayuda de Jesús y María.
A mis queridos muchachos, les amo y pórtense bien que nada les cuesta. 😉





















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