Me considero alguien muy ordenado y controlador en mis quehaceres, que a veces quiero controlar hasta el tiempo, y muy seguido recuerdo los sabios consejos de mi abuelo y mi madre, siempre me decían y me lo siguen diciendo cada vez que me quejo “el tiempo es de Dios y el tiempo se hace”.
Pasadas las fiestas navideñas y fin de año, me toca volver a Danlí, es un viaje largo y cansado. En esta ocasión he realizado dos viajes por separado, uno para navidad y otro para fin de año, obviamente es doble cansancio pero como dijo alguien una vez “toca, dijo la loca”.
Con toda esta emoción de ver a la familia, los niños y amigos, reflexionaba, si tan solo tuviera esa misma emoción y tiempo para volver a Dios y mis apostolados. Y no me malinterpretes, no es que estoy separado de Dios y la Iglesia, simplemente había un silencio que ignoraba y continuaba mi vida anestesiado.
Hoy es el primer jueves eucarístico del año 2024. Me emociona saber que a pesar que es “un nuevo comienzo” Él siempre es el mismo, el mismo que me ama y espera a pesar de mis errores. Me he dispuesto a visitarlo un rato, allí el silencio se hizo presente y se rompió.
Me llamó la atención que la mayoría de personas que estábamos adorándole éramos varones, poco a poco fueron saliendo y quede casi solo. Gradualmente sentía un murmullo dentro de mí, muy dentro del corazón. Había mucho que decir, mucho que contar, mucho de que arrepentirse, pero con suave voz y viéndonos cara a cara me dijo: “Basta con suspirar”
Lo hice, inhale profundo y exhale con tan gran alivio que los pocos a mi alrededor me voltearon a ver. Sentí una paz que no sentía hace mucho y hasta la hora en que escribo esto, siento mi corazón así ❤️🔥. Tal cual, un fuego que quema y que no quiere callar lo que ha vivido.
Todo esto me recuerda a lo que alguna vez escuché de Santa Tereza de Calcuta, decía que hacía mucho tiempo que había dejado de escuchar a Dios y que ese no era impedimento para seguir orando y actuando en caridad.
Solo puedo decir que el tiempo para Dios se hace, no querramos ver y servir a Dios en la complejidad, a veces basta con un suspiro en la contemplación. Me quedo con esa pequeña reflexión.
Sin más que decir, me despido del aire, chao.

Comentarios
Publicar un comentario