La comprensión humana y cristiana a menudo se relaciona con la perspectiva y la interpretación. Tomemos el ejemplo del número 6 y 9: desde un ángulo, uno ve un 6, pero desde otro, es un 9. Esto ilustra cómo diferentes puntos de vista pueden llevar a interpretaciones diversas.
En la vida, es crucial recordar que nuestras percepciones pueden variar, y la comprensión compasiva es fundamental para construir puentes de entendimiento.
La enseñanza cristiana abraza la importancia de ver más allá de las apariencias y practicar la empatía, recordándonos que cada persona tiene su propia verdad y dignidad, así como lo que Jesús enseñó sobre amar al prójimo como a uno mismo. Un claro ejemplo sería en encuentro de Jesús con la mujer adultera, después de un momento acalorado entre Jesús y los fariseos, Jesús pregunta “¿Mujer, donde están los que te condenaban?” Y ella responde: “Ya no están señor”. Y en un momento enternecedor, Jesús la mira a los ojos y le dice: “tampoco yo te condeno, vete en paz”.
Esta conversación es hermosa, porque el único que pudo condenarla, NO LO HIZO. Muchas veces, con una percepción errónea, vamos por la vida juzgando a las demás personas. Basta con preguntarse ¿Cómo sobrelleva esta persona esa situación.
Termino con esta anécdota. Hace algunas semanas platicaba con alguien a quien aprecio mucho y hablabamos sobre su situación emocional. Cabe recalcar que es una persona adulta mayor, ya lleva varios kilómetros recorridos. Ella tocada por la conversación, me decía “¿cómo puedo amar a esa persona si me hizo daño toda mi vida?” Y vivía rumiando su pasado, aunque decía que todo está bien y sin rencores, al tocar el tema, siempre lloraba. Obviamente aún había una herida por sanar.
Esta persona, en su dolor, juzgaba a la otra cada vez que podía y platicándome el pasado de esa persona mencionaba que había sido una vida desordenada y muy “odiosa”. (¿Les está gustando la historia?, cómo les gusta la vida agenda -_-) . Al finalizar sus argumentos le pregunté: “ Ok, conoces su historia, pero desde tu punto de vista, ¿Te has preguntado cómo lo vivió esa persona? ¿Cómo se sintió en esos momentos de su vida? ¿Cuales eran sus razones?. Y mientras más ahondábamos en las preguntas, se daba cuenta que nunca lo pensó, nunca se pregunta y Pam! Se envío la chispa de la empatía. Se estaba poniendo en el lugar de la otra persona. Fue un gran paso, un nuevo comienzo.
- José Orellana

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